Carlos Alaimo

Reflexiones

por Carlos Alaimo

Sin derecho a votar

Las gestas democráticas en Venezuela se han desarrollado durante largos períodos para vencer tiranías, caudillos regionales y dictaduras que intermitentemente se han disputado el poder y las riquezas nacionales. La última, liderada por el General Marcos Pérez Jiménez, fue vencida el 23 de enero de 1958 gracias a un levantamiento popular progresivo alimentado de masividad durante casi un mes y con un paro general obrero-empresarial que incluyó a la prensa como estocada de gracia.

Hoy, simbólicamente, la caída de aquel dictador sigue siendo referencia como epicentro de lucha en contra del totalitarismo, en contra de un gobierno sordo a las demandas de los ciudadanos.

Pero hoy también el país pone la mirada en la oposición, en una MUD que con sus desaciertos y errores sistemáticos hace crecer al Gobierno dentro de su accionar. El grupo denominado G4, una cúpula de cuatro partidos políticos que encabeza las decisiones en la MUD, no representa a la oposición en su totalidad. Apenas el 10 por ciento de ella.

Las críticas de la ciudadanía apuntan a que se ha olvidado de la necesidad de considerar la diversidad de opiniones y posturas que emanan de partidos regionales, de los gremios, de la academia, de empresarios, sindicatos y trabajadores, así como de los cientos de miles de hombres y mujeres que esperan desesperadamente un cambio, aunque no pertenezcan a una estructura partidista.

Para muchos, se han erigido en aquello que condenan y tratan de combatir; una élite desbocada tropezando con estrategias mal concebidas, muchas veces alimentando la agresividad en sus militantes, provocando enfrentamientos y amenazando desde sus posiciones seguras con tomas masivas de la calle, cuyo destino apunta a un caos.

O las movilizaciones hacia los respectivos Consejos Nacionales Electorales (CNE) para exigir un cronograma electoral deben ejecutarse, sin embargo, esta acción debe estar sustentada en la Constitución Nacional, en el principio del respeto a la vida, de la paz, y el rechazo a toda forma de agresión. Y es que tantos ensayos caprichosos en una fecha tan importante para nuestro país, como la del 23 de enero, han terminado por desmerecer un acontecimiento que muchas veces se ha mimetizado, aunque no se quiera reconocer, en decenas de fracasos, provocando su olvido.

El 23 de enero de 1958 se tradujo en un nuevo comienzo, en una nueva manera de mirarnos como sociedad, como actores políticos, en el inicio del afianzamiento de la democracia en Venezuela. El 23 de enero de 2017 nos corresponde entonces recuperar lo ya conquistado: el derecho a decidir, el derecho a votar.

Pero es una falta de respeto a la historia democrática de nuestro país, y una revelación de inmadurez política, no tener estrategias, no contar con un proyecto de país, no tener propuestas. Solo circunscribirse a ser y a actuar como una mera estructura o mecanismo electoral coyuntural.

No se le puede seguir dando un cheque en blanco a la MUD. Esta instancia debe entender que en sus filas no hay FOCAS. En la DEMOCRACIA se debate, no se impone.

En política es preciso trabajar desde la unidad de criterios y lejos del egoísmo. Así debe admitirlo la llamada Mesa del G4, pues atentar en contra del sentimiento nacional, en contra de una mayoría desesperada que lleva un perenne sufrimiento a cuestas, puede llevarla a quedarse sola.

Desde Versión Final, asumiendo esta emblemática fecha como esencia de lucha colectiva, hacemos un llamado a la conjunción de esfuerzos, al diálogo no viciado, a posturas lejanas al egocentrismo, al humanismo… a la política como servicio.

Carlos Alaimo

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